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Su primer encuentro

Su primer encuentro

Después de vagar y vagar por tantos y variopintos escenarios, inundado por el deseo de satisfacer la inquietud de todo lo que desconocía, persiguiendo esa piedra filosofal que le proporcionase perpetuidad al sentido de sus días, se topó con él. Con el tipo. Todos y cada uno de ellos aparecen y desaparecen de tu existencia por algún motivo. Nunca te preguntes por qué llegan y marchan (unos por un tiempo, otros para siempre) sin avisar. Son cuestiones que emanan del miedo y la inseguridad, y que tu razón no será capaz de asimilar, ya que no son respuestas que agraden a la mente. Pues en este discurrir de tipos, ayer dio con él. Zarandeándole con cada una de sus palabras todo ese mundo y esos sueños que configuraban las estructuras que daban seguridad a una vida.

Se mostró cercano y atento. Hablándole de un mundo que ya sabía, y de otro que desconocía. Parecía conocerlo. Sus palabras descifraban el concepto de sí mismo, así como los miedos de sus fracasos y las carencias de su mente. De dónde procedes, se preguntaba, mientras mantenía la escucha más atenta que jamás había logrado. Jugando con las palabras, el desconocido decoró un discurso a través de una voz cálida, y un espíritu cándido. Una oración a la gente que amaba, resultando en esto:

“Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones. Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o reconoce que no sabe algo. La gente que al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos. La gente que lucha contra las adversidades. Me gusta la gente que piensa y medita.

 Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida. Que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo. De poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.

La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad. La gente que arriesga lo incierto por lo incierto para ir detrás de un sueño. Quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro Padre Dios.”

-Es así como me veo, amigo. Una pelea diaria por acercarme a esa gente que me gusta. Aunque dudo si quiero formar parte de esta pomada de individuos por propia convicción o por miedo a no serlo- Añadió después de la oración.

-Es incuestionable el poder que posee la mente. Me alegra el sinfín de posibilidades que atesora, y que intento conocer a través de lecturas, del conocimiento de expertos y de mi propia experiencia de vida. Pero a día de hoy, tristemente, siento que no la controlo, que puede conmigo y que casi siempre me supera. Siendo más poderosos mis pensamientos y mis emociones que lo que ésta verdaderamente dicta. Quizás, por qué pienso demasiado. Tal vez, por qué siento pensando. Siempre con un plan en la cabeza, con una pasión que acometer. La búsqueda incesante de consumir experiencias, demostrándote que eres capaz de alcanzarlas y vivirlas. Quién sabe si por el simple hecho de auto contentarme, o seguir evidenciando el reflejo onírico de una vida que anhelo, que persigo, que idealizo, pero que nunca llegará. Y si me estoy perdiendo en el mundo de los sueños, y es aquí en mi ahora donde se están desmoronando todas y cada una de las oportunidades de conectar con mi verdadera mente.

Cada paso en el discurso de su nuevo amigo, desempolvaba las hojas caducas de un cuaderno que desde tiempo atrás negaba abrir. Por qué tanta sinceridad por parte de alguien que apenas conocía, pero que de un portazo estaba deslumbrando las sombras que durante tanto tiempo oscurecían su mente.

-No sé si has sentido alguna vez que la mente te quema. Con continuos pestañeos que nublan cada una de las decisiones que tomas, y que realmente crees que son tus propias decisiones. Y no la suma de principios, de ideales, de consejos estandarizados que debilitan tu capacidad de controlar y vivir el momento. Estoy comenzando a acallar esas voces. Es dura la batalla contra el miedo, créeme. Nuestra mente nos engaña con continuos viajes al recuerdo de la memoria y al proyecto de los sueños. Idealizando lo positivo del pasado y dibujando nuevos mundos que evaden el concepto de fracaso. Es el principio de incertidumbre el que paraliza nuestras mentes, dándole total libertad a pensamientos y emociones que fundamentan una realidad pasada o futura, restándole capacidad a la mente más pura. A esa que está libre de todo prejuicio, de toda duda y de todo miedo.

Desconcertado se sentía. ¿Era un desconocido quien estaba abriendo su alma?, ¿o era su propia mente personificada en los labios de un ser que abría y abría una herida presuntamente cerrada? Una sensación confusa, que dolía y sanaba al mismo tiempo.

-¿Has sentido alguna vez ese miedo del que te hablo?- se lanzó a preguntarle. Ese miedo a permanecer inmóvil, a no desear a nada ni a nadie, a estar en ti. A abrazar la esencia más inmaculada de un Carpe Diem que conduce al verdadero encuentro de la circunstancia con tu yo, y no al permanente consumo de esta circunstancia para llenar un espacio que te ahoga. Ese miedo a visionar un futuro que desconoces, y que no es comparable a las variables tiempo y espacio de un pasado que ya se esfumó. Ese miedo que coarta, y priva que la mente se haga dueña del momento y de las circunstancias, tirando por la borda, tal vez lo que realmente anhelas.

Obviamente sabía de qué hablaba, sentía como traducía el lenguaje de sus ojos. Le desnudaba con cada palabra, avergonzándose de su incapacidad a convivir con ese miedo al que intentaba acercarse y entender que estaba ahí, pero tendía a huir. A escaparse. A inundarse de pensamientos y ruidos que no permitían abrirse en plenitud a su propia interioridad.

Abrió los ojos, y con una visión distorsionada por la oscuridad de sus párpados, miró a la derecha de su habitación viéndose reflejado en el espejo de su infancia. Lo había conseguido. Había conectado por primera vez con su mente. Se había encontrado en el silencio, logrando reconocer lo que le frenaba a sentirse pleno: el miedo.

*El texto en cursiva proviene de una carta de alguien especial que me regaló varios días antes de empezar este proyecto. Sin apenas oportunidades para realmente conocer todo lo que se cuece dentro de mí, acercó mi ser a la brillantez de esas palabras, que describen alguien al que no siempre me parezco. Aún así, cada mañana me despierto con el deseo de lograrlo. Leyendo y releyendo unos versos que cuelgan de mi pared, y que créanme interiorizo en mis meditaciones matinales, intentando tatuar cada una de sus letras en las profundidades de mi identidad. Allí, donde ningún ruido,  pensamiento o decepción ensombrezca lo que quiero ser.

About The Author

Creo que empecé a escribir para sentirme más vivo. Para sentir sin coladores las historias que penetran, que dan alas o que hacen pupa; ponerlas en letras ante la pena de su irreversible devenir en vagos recuerdos. Con la idea de no olvidarlas creé este blog, para compartirlas y conseguir que permanezcan vivas. Así que anímate y dalas a conocer comentándolas, evaluándolas y publicándolas en cualquiera de las redes sociales que manejas. Es sencillo lo tienes ahí arriba a un solo click.

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¡Qué bueno que andes por aquí! Mira, te cuento. Si cuentas con cinco minutos y andas buscando un rincón diferente, un espacio donde refugiarte después del trasiego del día, te invito a conocer mis relatos, poemas, viajes y reflexiones. ¿Y por qué seguir a un docente de lengua inglesa que superada la treintena le da por escribir? Pues por el simple hecho de volvernos más humanos, de sentir las palabras como medio para encontrarnos con nosotros mismos, de entender de manera más justa al prójimo, y en la más remota de las posibilidades para sanarte, como lo hace la escritura conmigo.

Os invito a embarcar en este velero incierto que hoy parte rumbo a un mar de letras, y que deseo no se canse de navegar.

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