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Murió en diciembre

Murió en diciembre

Murió en diciembre

 

 

No sé si es la bruma que entra por la chimenea

cuando en nuestra cocina aun huele a la sazón de tu risa.

O la euforia de un amor a fuego lento, gradual, secreto,

como el buen sexo,

pero con final a lo Woody Allen.

El tango de hubieras y hubieses que aprendimos en un garito de Montevideo

y que no supe interpretar en otros viajes tras tu muerte.

La vida en un cajón de tela sin fondo

donde solíamos apuntar la lista de nuestros arrebatos

para evitar los reproches de los buenos días del último lunes del mes.

Una fotografía de estantería que sujeta los pilares de tu ausencia

y que apoyada en tu novela de esparto se niega a los acantilados de la amnesia.

La colección de zapatos magrebíes que se quedaron sin tus pies.

La redacción de un manual de cosquillas para nuestros días grises

que se empolva y desgasta desde que no magreo tu cintura.

Desayunos y cenas que aun saben a la madurez de un romance

cuando pongo la mesa y nadie se apropia de tus cubiertos.

Una guitarra hueca -como dejaste a mi cuerpo-

por donde ahora se desparrama la nostalgia,

y que no encuentro la forma de afinar cuando vuelve diciembre.

En fin,

un post-sentir sin rencores que ahoga en las mañanas, sin llegar a matar las ganas de vivir.

 

Hay que entender que la vida está hecha de agitaciones del alma,

y que la melancolía tiene esas cosas,

no entiende de muertes, ni de corazones débiles,

pero no quiero desprenderme de ella

porque al igual que las enredaderas de un patio desatendido

se extiende sigilosamente por las laderas de la médula hasta topar con las entretelas de la memoria

donde se enzarzan las fantasías y recuerdos más preciados,

esos que no pongo en venta bajo ningún pretexto en los mercados del olvido.

 

“La melancolía es la alegría de estar triste.”
–Victor Hugo-

About The Author

Creo que empecé a escribir para sentirme más vivo. Para sentir sin coladores las historias que penetran, que dan alas o que hacen pupa; ponerlas en letras ante la pena de su irreversible devenir en vagos recuerdos. Con la idea de no olvidarlas creé este blog, para compartirlas y conseguir que permanezcan vivas. Así que anímate y dalas a conocer comentándolas, evaluándolas y publicándolas en cualquiera de las redes sociales que manejas. Es sencillo lo tienes ahí arriba a un solo click.

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¡Qué bueno que andes por aquí! Mira, te cuento. Si cuentas con cinco minutos y andas buscando un rincón diferente, un espacio donde refugiarte después del trasiego del día, te invito a conocer mis relatos, poemas, viajes y reflexiones. ¿Y por qué seguir a un docente de lengua inglesa que superada la treintena le da por escribir? Pues por el simple hecho de volvernos más humanos, de sentir las palabras como medio para encontrarnos con nosotros mismos, de entender de manera más justa al prójimo, y en la más remota de las posibilidades para sanarte, como lo hace la escritura conmigo.

Os invito a embarcar en este velero incierto que hoy parte rumbo a un mar de letras, y que deseo no se canse de navegar.

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